Estamos en ascuas desde que nos enteramos de la genial idea del tranvía vertebrador del Caudal, que irá desde Collanzo hasta Ribera de Arriba. Algún desconfiado pensará que teniendo ya Feve, que hace casi el mismo recorrido, y cuyos vagones suelen ir bastante desocupados, no resulta necesario realizar una fenomenal inversión y montar el cisco padre en una obra pistonuda, cuando ya existe un servicio similar en marcha. Pero no; cavilar tal cosa es un error. Otros tocahuevos opinarán que ya que nos metemos en este lío, qué tal si establecemos los extremos en las estaciones de esquí de Aller y en Oviedo, por aquello de captar más clientela y darle cierto sentido al asunto. Un despropósito.
Las cabezas pensantes han constatado un extraordinario flujo de población entre Collanzo y Ribera de Arriba, pasando por Mieres, de tal modo que ni con trenes, autobuses, taxis y coches particulares se da abasto en la actualidad, con el consiguiente desasosiego de los habitantes caudalinos.
Además, las lumbreras promotoras del invento han advertido la imperiosa necesidad de que en este estrecho valle y en particular en Mieres, donde el tranvía dará un garbeo por sus lugares más emblemáticos, se dispongan más vías. A las de Renfe y Feve, habremos de añadir las del AVE que nos sobrevolará, y ahora, también las de un hermoso, moderno y ecológico tranvía. De Mieres del Camino a Mieres de las Vías.
Un fulano malintencionado me propuso una alternativa algo más económica: si el tranvía hará el recorrido de Feve con la excepción del paseíllo por Mieres, ¿no sería mejor desempolvar el trenecito de la Feria, lucirlo un poco, y ponerlo a dar vueltas por aquí de modo permanente? Inversión mínima, molestias cero, rentabilidad total. Como ven, pura maldad.
Un tranvía entre Collanzo y Ribera de Arriba es tan necesario como una estación de autobuses en mitad de la nada, como un aparcamiento subterráneo cerrado, como una piscina enterrada, como una senda abandonada, como volver a levantar una acera seminueva, como peatonalizar un callejón, como una instalación deportiva sin estrenar, como unos dirigentes con la cabeza hueca.
Fuente:
LNE